De la forma nueva del sindicato depende la fuerza de un país que lucha junto, del norte al sur

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Por PIETRO INGRAO

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Pietro Ingrao en el film Non mi avete convinto, de Filippo Vendemiatti

[Texto inédito de Pietro Ingrao de 1972]

Nota previa: En 1970 el gobierno decide que la capital de la región de Calabria sería Catanzaro. Esto hace estallar una revuelta dirigida por un personaje de extrema derecha, ligado a círculos mafiosos: Ciccio Franco, capo de los «Boia chi molla»1. La revuelta se prolongó durante mucho tiempo. La FLM (federación de trabajadores del metal), a propuesta de Bruno Trentin, decide convocar una manifestación nacional de metalúrgicos en Reggio Calabria el 22 de octubre de 1972 y una Conferencia sobre el Sur (Mezzogiorno) el 21 de octubre. En el curso de esta conferencia habla Pietro Ingrao. A la manifestación se suman algunos sectores y solo la Cgil entre los sindicatos. Los manifestantes llegan con barcos especiales desde las islas y desde Génova, y con trenes especiales desde todo el país. 8 atentados distintos en las líneas ferroviarias retrasan la llegada de los trenes hasta el mediodía del 22. La manifestación es un gran éxito, se calcula en torno a 50.000 personas. Los mítines se desarrollan hasta avanzada la tarde. Tras la manifestación, la revuelta de Reggio se desinfla, hasta concluir.

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Saludamos la decisión con que los sindicatos han venido a esta ciudad para anunciar precisamente aquí, en Reggio Calabria, la propuesta de construir la unidad con las grandes masas desheredadas del Sur.

Sabemos que los sindicatos han vivido grandes experiencias en estos años y han alcanzado conquistas que han sido esenciales para todos nosotros, para la democracia de nuestro país. Han consolidado su presencia en la fábrica, en la gran fábrica moderna de la que les había expulsado la represión patronal, han construido para todos nuevos instrumentos de conocimiento, de lucha, de intervención, de poder, que aumentado el patrimonio histórico general de nuestro país; han hecho crecer organismos originales de democracia de base que no había conocido hasta ahora nuestro país.

Este es el gran salto que se ha producido durante las luchas de los años sesenta; pero me parece que el gran valor de esta Conferencia está en el hecho de que los sindicatos vienen aquí a decir que este gran salto alcanzado no es suficiente si no se enlaza con el Sur. Sí, con el Sur, entendido no ya como «objeto» de la lucha sino como protagonista necesario, como partícipe y constructor de la batalla general que se debe acometer por un nuevo tipo de desarrollo.

Hay una antigua tradición del movimiento obrero y sindical: actuar siempre para situar la lucha de fábrica, la lucha sectorial, en el marco más general de una batalla social por el progreso, por la libertad, por la emancipación de los trabajadores.

Pues bien, hoy me parece que este sindicato busca la forma nueva que debe encontrar esta tradición. Esta, lo han recordado toda una serie de intervenciones, se encuentra frente a una línea con la que el bloque dominante, incapaz de dar una respuesta a la crisis que azota al país, recurre no solo a la represión sino que aspira a empujar a las masas explotadas a encerrarse cada una en su propia cáscara, en la jaula del sector, del municipio, de la clientela, en el engaño de la guerra entre los pobres y de la carrera corporativa. Y lo hace para quebrantar las fuerzas, para excavar una fosa entre la fábrica de Turín y la ciudad de Reggio, para hacer a la una y a la otra incapaces de cambiar el orden establecido.

Por todo ello me parece de gran importancia para todas las fuerzas de progreso de nuestro país el hecho de que esta Conferencia haya rechazado esta perspectiva y nos diga que el sindicato unitario quiere ser hoy no solo la organización de un número limitado de empleados sino una organización más vasta y compleja, que sepa construir una unidad del pueblo, una comunión de lucha entre trabajadores en paro y trabajadores empleados, entre Norte y Sur. Y aquí encuentro una diferencia de fondo con aquellos que vienen a Reggio y al Sur a repetir viejas cosas. El sindicato viene aquí no a prometer regalos imposibles o soluciones milagrosas sino a renovar su modo de ser y dice abiertamente que quiere superar las limitaciones y errores y que quiere corregir eso, digámoslo claramente, que quiere proseguir con la autocrítica.

En esto capto la gran importancia que esta Conferencia significa para la cuestión del Sur. Y comprendo la rabia de quien tiene un miedo feroz de que este discurso llegue a las masas. Utilizan la dinamita y la provocación porque temen que esta nueva propuesta del sindicato llegue a la gente pobre del Sur, a las grandes masas y a los desheredados.

Pero aquí se nos plantea una cuestión, una pregunta: ¿cómo responderán las fuerzas organizadas del Sur? Y no pienso solo en las masas, pienso también en las fuerzas de la clase media meridional, en la cultura meridional, en las asambleas electivas, en las fuerzas organizadas que se miden hoy con esta profunda crisis de la sociedad y se encuentran ante el fracaso de las viejas políticas que habían prometido la salvación al Sur.

¿Cómo responderán las fuerzas políticas meridionales y nacionales a esta propuesta nueva? Creo que este esfuerzo del sindicato pide también que los partidos reflexionen, cambien algo su forma de ser. Y por nuestra parte quiero decir de entrada que a nosotros, como comunistas, no se nos ocurre pensar en descargar sobre las espaldas del sindicato todo el peso y la responsabilidad tanto de la reflexión autocrítica como de la búsqueda de nuevas vías de lucha.

n1_06_aY quisiera ser claro: hemos rechazado siempre, compañeros trabajadores, la fórmula sumaria que engloba a todos y a todo en el término ambiguo y equivocado de clase política. Lo hemos hecho no ya para eludir el problema sino porque este concepto corre el riesgo de convertir en pardos a todos los gatos de noche, porque no llega a percibir la responsabilidad y los pasos que hay que dar. Y así digo abiertamente que no aceptaré una visión que ponga al mismo nivel a quien ha gobernado y a quien se ha mantenido en la oposición, a quien ha estado con Agnelli y con Pirelli y a quien ha desafiado y ha pagado por ello con la represión de Agnelli y de Pirelli, a quien ha defendido y defiende todavía hoy la renta de la tierra como ocurre con la escandalosa ley de alquileres agrarios, y quien al contrario ha luchado aquí y en otros sitios en primera fila contra el propietario agrario a favor del aparcero, el colono, el cultivador directo.

Pero en estos días noto que la discusión que ha habido en esta Conferencia nos pide a nosotros, pide también a mi partido, pide también a los partidos obreros y populares, a dar pasos adelante en relación con las masas. Y en un sentido muy preciso: el tipo de objetivos que se presentan hoy al movimiento obrero y popular, las reformas por las cuales combatimos, no permiten ya una lucha de masas que se exprese solo como presión, incluso fuerte pero genérica, a través de una mediación política que se desarrolla por arriba. No, toda la experiencia vivida, sufrida a lo largo de estos años nos dice que el renacimiento del Sur, la conquista del pleno empleo, la valoración de los recursos, la cualificación del trabajo podrán alcanzarse solo si cambia algo en la cualidad del poder, en el modo en que se organizan las masas, en la organización misma del estado. Por eso, nosotros los comunistas no hemos creído jamás en los incentivos o en las providencias caídas desde el exterior o desde arriba, que dejan intacto el viejo sistema de poder y alimentan en cambio la red del clientelismo.

Debemos mirar la realidad de frente. Es evidente, en el Sur ha fracasado el sistema clientelar y oligárquico más o menos modernizado con las formas y con los instrumentos del capitalismo de Estado que se ha centrado en torno al partido de la Democracia Cristina; pero debemos saber que ha fracasado también el dirigismo de los tecnócratas que permanecen en el interior de la vieja máquina de poder, fuera y por encima de las masas y de la lucha.

Esto quiere decir que necesitamos, en la práctica de los partidos obreros y populares, liquidar completamente no solo las formas abiertas sino incluso las más sutiles de superposición desde lo alto de soluciones no percibidas por las masas ni con las masas. Es verdad que la lucha se refiere al estado y por eso no nos debe bastar el espontaneísmo: necesitamos organización consciente y capaz de coordinarse. En vez de una organización hecha de aparatos de notables o incluso de mediadores iluminados, necesitamos una organización que active y haga presentes a las masas. Que sepa afrontar el gran tema histórico de cómo hacer que cuenten, pesen, decidan los grandes estratos dispersos y pobres de la población meridional; de cómo hace falta inventar formas nuevas y originales de esta participación, del mismo modo que el movimiento obrero y popular italiano supo construir formas originales y nuevas de presencia en el interior de la fábrica, los consejos de delegados, las asambleas de masa, la vida de la democracia de base.

Por esto nosotros, fuerza política obrera y popular, necesitamos dialogar y debatir con el sindicato. Y dejadme insistir: no nos interesan sindicatos satélites. No nos interesa un sindicato subalterno a este o aquel partido, incapaz de hacer frente a su cometido histórico.

Nos interesa que siga adelante la construcción autónoma de una gran organización unitaria y que vaya adelante con las propias formas que se ha dado, con sus formas originales de democracia de base. Pero precisamente porque creemos en una unidad sindical que no sea compromiso entre sindicatos subalternos, precisamente porque creemos en un proceso unitario que se base en la participación de masas, precisamente por ello creemos que este crecimiento autónomo del sindicato no puede llevarnos al distanciamiento y al silencio recíproco; al contrario, debe llevarnos al diálogo y al debate entre sindicatos y fuerzas políticas.

Y aquí quiero añadir una última consideración. No creo, y lo digo francamente, en una separación de las partes, según la cual los sindicatos organizan la lucha de masas y al final, cuando se presenta el momento de las soluciones legislativas y parlamentarias, entran en escena los partidos —como si las fuerzas políticas fuesen puros gestores de la acción parlamentaria y nada más. Si se trata de construir estas nuevas formas de poder democrático difuso, que tenga esta continuidad y esta fuerza penetrante, quiere decir que el debate entre sindicatos y fuerzas políticas no puede venir solo en el último momento, y en el momento de la solución a nivel de las direcciones, sino que debe venir ya en el mismo momento en que se gesta el movimiento de lucha. Esta es la visión que nosotros tenemos del diálogo : recíproca riqueza en la autonomía.

Por esto os agradezco que me hayáis invitado a participar en esta Conferencia. Vuestras plataformas, las formas de lucha, el crecimiento de este sindicato nuevo que busca un gran contacto con las grandes masas de desheredados lo sentimos como parte esencial de nuestra reflexión y de nuestra indagación, lo sentimos como algo que nos ayuda, que nos llama a discutir y nos impulsa a reforzar nuestro empeño creativo en la común batalla por cambiar el rostro de nuestro país.

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El clásico término Mezzogiorno —que se refiere a las regiones pobres del sur de Italia— lo hemos traducido directamente por Sur. Esta intervención inédita ha sido recuperada por Aamos, el Archivo audiovisivo del movimiento obrero y democrático italiano. El texto apareció en la separata de Il Manifesto, titulada La Storia di Pietro, del 31 de marzo de 2015, con motivo del centenario de Pietro Ingrao. La traducción del italiano es de Javier Aristu.

 

 

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1.- “Verdugo (asesino) el que abandona (la lucha)” es un eslogan fascista. La frase tiene el sentido aproximado de “traidor quien ceda” (Wikipedia). [^]