La lucha de clases ha salvado la Constitución

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Por GIORGIO CREMASCHI

© Carme Masiá

© Carme Masiá

 

Aumentan los análisis sobre el referéndum, particularmente en relación con las diferentes posiciones políticas de los electores, pero para mí el dato que me parece más evidente es el reparto social del voto. Cuanto más sube la renta más crece el SÍ, y si es más baja más aumenta el NO. Este es el único dato constante en cualquier parte del país. Y la victoria aplastante del NO demuestra que por una vez la mayoría más pobre y empobrecida del país no se ha dejado seducir por el poder y por los intereses económicos que el poder ampara.

Son ya decenios en los que este poder realiza su lucha de clases desde arriba, es decir, golpea y reduce los derechos y la igualdad social en nombre del mercado y de la competitividad. Y muchas veces, gracias a la hegemonía cultural y al poder mediático, este mismo poder llega a convencer a los pobres  de que su interés es cambiar, esto es, favorecer a los ricos.

Esta vez en Italia, como en  otros países en los últimos tiempos, este juego no ha tenido éxito y los pobres han ganado en rara ocasión un asalto de la lucha de clases.


La victoria aplastante del NO demuestra que por una vez la mayoría más empobrecida del país no se ha dejado seducir por el poder y por los intereses económicos que el poder ampara


Esto que la prensa conservadora designa  escandalizada como “populismo” es ante todo esto: la ruptura política que madura entre los pobres y entre los excluidos por el enriquecimiento de la globalización, y que cada vez son más. Que, a diferencia del pasado, estas señales de rebelión social no encuentren respuesta en la izquierda oficial, es solo muestra de la mutación genética de esta última que, tras decenios de adaptación al reformismo liberal se ha convertido en expresión de las clases vencedoras en la selección social global.

Hoy, el típico elector de centroizquierda es el profesional de clase media burguesa que vive en el centro y en las colinas de las grandes ciudades. Que es progresista en los derechos civiles y reaccionario en los otros sociales, que ama Europa, los mercados, la vida radiante de los nuevos centros urbanos y que cree que su éxito se debe exclusivamente al mérito. Este nuevo burgués de clase media está en medio, entre los grandes ricos que deciden todo y los que aspiran a alcanzar su posición. Todos ellos juntos conforman el bloque social que ha dominado estos treinta años de globalización, aplastando y fragmentando la masa de pobres y de empobrecidos, desde los obreros hasta los desempleados y los pequeños empresarios estrangulados por los bancos.

Ahora, sin embargo, y a causa de la persistencia de la crisis, este dominio comienza a romperse y a pesar del control completo que el bloque social burgués ejercita sobre los medios de comunicación y sobre la producción cultural esto ya no es suficiente. Los pobres comienzan a rebelarse, vuelven  a actuar como pueblo pero, a diferencia del pasado, no encuentran ya en su camino a aquella en que se ha convertido gran parte de la izquierda. Esta pierde de esta forma su propia función histórica y por ello cada vez más su propio peso electoral.


El control completo que el bloque social burgués ejercita sobre los medios de comunicación y sobre la producción cultural ya no es suficiente. Los pobres comienzan a rebelarse, vuelven a actuar como pueblo


De esta forma, el campo de la moderna lucha de clases, de la rebelión de los pobres frente al  atropello social, es ocupado por otras fuerzas, a veces explícitamente de derecha, otras simplemente populistas. Pero es la izquierda la que se ha retirado a los desfiles de moda de via Montenapoleone. Dejemos esta izquierda a su rumbo y destino y probemos a organizar y representar la lucha de clases de los pobres tal y como hoy comienza a expresarse y manifestarse. Lucha de clases populista que en Italia ha salvado la Constitución nacida en la Resistencia.

[Este artículo fue publicado en el blog de la revista MicroMega que ha autorizado su reproducción en castellano. Traducción de Javier Aristu]

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Giorgio Cremaschi (1948). Sindicalista italiano. Ha formado parte de la dirección de la FIOM (metalúrgicos italianos), del sindicato CGIL hasta su abandono en 2015. Autor de Il regime dei padroni. Da Berlusconi a Marchionne (Editori Riuniti, 2010).