Refundación: una propuesta para el necesario cambio sindical, para un nuevo sindicato

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Por ISIDOR BOIX

Manifestación SEAT

Manifestación de trabajadores de SEAT, hacia 1979. ANC.fonsPSUC

Por un Congreso Sindical Constituyente de refundación del sindicalismo español (en, y para, un renovado sindicalismo global)

1.- La crisis, las crisis. También sindical. Las respuestas. Y una propuesta

Al hablar de “la crisis” nos referimos en general a la crisis financiera que se inicia formalmente en 2007 con la presentación de la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008. Una crisis financiera que se convierte en crisis de la economía global, con diversa repercusión en los diversos países y regiones del globo, más acentuada en los del “Norte” hasta fechas recientes y con evidente incidencia ya en varios de los países emergentes. Pronto se comprobó que sus efectos se traducen en diversas formas de crisis y fuertes repercusiones en otros ámbitos de la vida individual y colectiva.

Cuando parecía que algunas de sus manifestaciones se estuvieran superando, al menos en el ámbito macroeconómico, aparecen nuevos síntomas vinculados a los precios del petróleo, de las materias primas en general, con repercusión en países menos afectados por la crisis financiera de finales de la primera década de este siglo. Brasil, Rusia, Venezuela, serían algunos de los casos más claros de esta segunda ola, con incidencia al mismo tiempo de otros factores en los problemas que se plantean en cada uno de ellos.

Aquí me interesa apuntar que a la primera crisis se sumaron, o de ella derivaron en uno u otro grado, crisis en muy diversos ámbitos. Crisis social, crisis política, crisis del propio modelo de consumo, crisis también de alternativas que pudieran aportar esperanza e ilusión en amplios sectores de la sociedad.

Y crisis de confianza en las instituciones que rigen el mundo a todos los niveles, desde el global hasta el más pequeño rincón de nuestro mundo. Una crisis de confianza en las instituciones que afecta y contamina de hecho a todas, intensificada por los evidentes síntomas de incompetencia acentuados además por la corrupción. Incompetencia y corrupción que probablemente no sean nuevos ni en su cantidad ni en su calidad, pero que en el marco de la crisis han contribuido a un considerable rechazo de las instituciones por parte de una mayoría de las personas que integran prácticamente todos los colectivos humanos. Crisis de las instituciones que provoca también importantes transformaciones en el mapa social, con serias modificaciones de los equilibrios de poder e influencia en muchos ámbitos, con incluso la desaparición de algunas organizaciones de larga historia cuya supervivencia no garantizaron los posibles méritos acumulados.

A ello contribuye sin duda la desastrosa política de cuadros practicada por la mayoría de las instituciones. Con promociones clientelares internas, incomprensibles casi por el elevado nivel de incompetencia de las nomenclaturas, desde la más inmediata  a la más global.

En mi opinión los sindicatos no escapan a esta crisis de confianza, aunque el sindicalismo parece tener un seguro casi a todo riesgo, superior en todo caso al de otras formas de organización social. Probablemente porque existen menos mediaciones entre sus raíces en la clase trabajadora y sus estructuras organizadas, porque los intereses que sintetiza tienen una sólida base, las propias relaciones sociales de producción, la naturaleza asalariada de las relaciones de trabajo.

Que la supervivencia del sindicalismo pueda considerarse asegurada mientras subsista en este mundo el importante colectivo de trabajadores “por cuenta ajena”, no significa sin embargo que lo estén todas las organizaciones que de él se reclaman o como tales se definen. Entiendo que subsistirá una “organización de intereses” de los asalariados, pero está por ver con qué denominación y con qué relación con los actuales sindicatos, si desarrollada a partir de éstos o al margen de los mismos.

Es oportuno recordar al respecto la frase que se atribuye a Ignacio Fernández Toxo, actual Secretario General de CCOO, afirmando, hace ya creo un par de años, que si CCOO no se renovaba profundamente desaparecería en un corto plazo. “Siete años” se dice que dijo. En todo caso, a esta consideración le es de aplicación aquello de que “si non e vero, e ben trobato”.  Coincide además, al menos en parte, con los planteamientos formulados antes en el nº 16 de Gaceta Sindical por parte de Toxo y Lezcano, en junio 2011 (¡hace ya casi 5 años!), invitándonos a “repensar” el sindicato. Sólo que desde entonces creo que el “repensamiento” colectivo ha sido escaso. De “repensar” habla también el proyecto de CCOO de Catalunya con su “Assemblea sindical oberta”, aunque tampoco parece que vaya a suponer suficiente aire renovador. Probablemente convenga darle un fuerte empujón y provocar (en el pleno sentido de la palabra) que la necesidad de una profunda renovación se convierta en exigencia conscientemente asumida por un amplio espacio en el interior del sindicato, de mi sindicato, Comisiones Obreras. Y sería deseable que también en el ámbito del sindicalismo organizado más allá de CCOO, en UGT y también en otros.

Frente a esta crisis o estas crisis, en nuestra sociedad se han extendido planteamientos, particularmente en el espacio político, que están consiguiendo una amplia audiencia y que podrían calificarse de “radicalidad democrática”. Con algunas formulaciones que no comparto en absoluto, que en ocasiones parecen cuestionar peligrosamente la propia democracia y nuestra historia, que pueden confundir el sentido de la democracia representativa confrontándola con propuestas de supuesta democracia “directa”, con tintes en realidad antidemocráticos y proclives al caudillismo. Pero que tienen la virtud de sacudir las mentes, de poner en cuestión las componentes de degeneración del sistema, de romper una inercia de inutilidad y corrupción. Aunque se les pueda reprochar su falta de alternativas claras, pueden contribuir precisamente a estimular la elaboración de éstas. Constituyen propuestas que muchas veces se concretan más bien, todavía, en exigencias en el modo de hacer más que en el qué hacer. Planteamientos en definitiva insuficientes a todas luces, pero que suponen una fuerte e interesante sacudida de negativas inercias.

Junto a la exigencia de radicalidad democrática, con todas sus insuficiencias y derivas negativas, con sus riegos, pero esencialmente positiva, aparece otra tendencia, negativa ésta. Me refiero al derrotismo del “no hay nada qué hacer”, elevando a categoría la sensación de impotencia que parece a veces inevitable, comprensible al menos, en el actual panorama. Una impotencia que potencia la práctica del lloro, de la denuncia, combinada a veces con el intento de enternecer al contrario, al adversario, mezclando el insulto con le actitud mendicante.

Todo ello es también aplicable al mundo sindical, aunque quizás con menor estridencia hasta ahora que en otros ambientes sociales y políticos. Pero, insisto, los problemas de fondo son los mismos. Lo señalo esencialmente a partir de mis impresiones directas a través de mis relaciones con el mundo sindical, que desgraciadamente coinciden con las encuestas de opinión realizadas en los últimos tiempos.


Creo necesario avanzar hacia lo que en mi opinión debería plantearse como necesaria “refundación” del sindicalismo organizado, del sindicato. Lo esencial no es discutir cuál es la palabra más adecuada, si repensamiento”, “reinvento”, “reconversión” incluso, aunque a mí me gusta más “refundación”, pero todas pueden acabar significando lo mismo, mucho o poco, según el contenido que se les dé


Aterrizando pues en el ámbito sindical, creo necesario avanzar hacia lo que en mi opinión debería plantearse como necesaria “refundación” del sindicalismo organizado, del sindicato. Lo esencial no es discutir cuál es la palabra más adecuada, si “repensamiento”, “reinvento”, “reconversión” incluso, aunque a mí me gusta más “refundación”, pero todas pueden acabar significando lo mismo, mucho o poco, según el contenido que se les dé.

En las notas que siguen presento una propuesta en el sentido de tal “refundación”.

Pero una observación previa aún sobre la “resistencia” del sindicalismo a la que antes aludía. Una resistencia que en mi opinión podría llevar a la engañosa conclusión de que no hay que exagerar sobre la crisis también en el espacio sindical.

En el panorama social, político, sindical, el sindicalismo tiene una ventaja. Mientras muchas organizaciones sociales y políticas adolecen de evidente precariedad, planteándoseles crisis de programa, de denominación, incluso de identidad, los sindicatos parecen gozar de una mayor estabilidad. Sin que ello suponga ningún seguro a todo riesgo para la existencia de los sindicatos, sí creo que apunta a una gran capacidad de continuidad para el sindicalismo como fenómeno social, como forma de organización social. Entiendo que ello ha sido esencialmente así desde los inicios de la revolución industrial. Seguramente es esencialmente mérito de la propia naturaleza del sindicato, de su razón de ser, de sus raíces, es decir los intereses colectivos de la “clase trabajadora”, el colectivo social caracterizado por sus concretas relaciones con los medios de producción, por el hecho de identificarse el “trabajador” como la persona que realiza una actividad “por cuenta de otro a cambio de un salario”.

Mientras exista trabajo asalariado entiendo que habrá razones claras, intereses evidentes, para organizar la defensa de éstos, para el sindicalismo por tanto, para el sindicalismo en todos los ámbitos de nuestro mundo globalizado.

2. Un análisis del punto de partida

Partiendo de la existencia de una evidente crisis organizativa, de confianza social, de la necesidad en consecuencia de repensar, reinventar o refundar el sindicato como organización, es conveniente, creo que necesario, tener claro cuál es el punto de partida. Para ello no deberíamos dar por hecho que tenemos, que tienen las actuales direcciones sindicales a todos los niveles, una idea clara de lo que constituye la actual organización sindical. Sería necesario asumir que es conveniente saberlo, querer saberlo.

Algunas posibles líneas de trabajo para saber de dónde partimos en el sindicalismo español podrían consistir en:

  • La elaboración en primer lugar de un completo mapa afiliativo sindical, a ser posible de los diversos sindicatos. Con su evolución en la última etapa en el mercado laboral, con el desglose de las personas afiliadas por modalidades contractuales –incluyendo el desempleo-, edades, géneros, …, con resúmenes por empresa, sector, territorio, …
  • Y un mapa de la influencia sindical, del voto y resultado de las “elecciones sindicales”, así como del espacio movilizable y movilizado en las acciones sindicales, junto con las propuestas en torno a las cuales éstas se han desarrollado.
  • Un resumen de la relación entre “la estrategia y la táctica” sindicales. Para ello nada mejor que establecer la relación entre los planteamientos “de papel” (acuerdos congresuales, declaraciones, manifiestos, …) y la práctica de las organizaciones, particularmente en los centros de trabajo. Y, como enlace entre ambos espacios, las “plataformas reivindicativas”, las de los convenios y las de la actividad sindical diaria. Para saber, para aprender. Para conocernos a partir de lo que hacemos.
  • Convendría un análisis específico de las “Huelgas Generales” desde 2007, concretando sus objetivos (con las concretas formulaciones de sus convocatorias), su seguimiento (si fuera posible separando los diversos sectores, territorios, tipo de empresas, …) y los resultados conseguidos (legislativos, cambios en las condiciones de vida y de trabajo de la gente, …).
  • Todo ello complementado con una referencia a los Comités de Empresa Europeos, a las posibles Redes Sindicales, a los ámbitos de relación sindical supranacional, global, a las estructuras sindicales internacionales. A nuestra presencia en tales ámbitos de organización y posible acción sindical, y en sus trabajos. También a sus debates y conclusiones, así como a las propuestas que hayamos llevado a los mismos.

A todo ello habría que incorporar además un examen de las actuales estructuras sindicales supranacionales. Un examen que no podrá ser tan detallado, pero en el que conviene señalar los objetivos planteados en sus reuniones congresuales y su relación con la posterior práctica sindical. Su composición y su concreta política de cuadros, los grandes números de sus finanzas, …  Será sin duda de interés examinar en detalle sus últimos Congresos y su relación con la vida sindical de nuestras organizaciones, el conocimiento o desconocimiento en éstas de los documentos congresuales, del desarrollo y conclusiones, incluso de su propia realización, de los Congresos de la Confederación Europea de Sindicatos, de la Confederación Sindical Internacional, de las Federaciones Sindicales europeas e internacionales en las que estamos integrados.

Enlazando este balance de la supranacionalidad sindical con la vida diaria de nuestras organizaciones, propongo un examen particular de los “7 de octubre”, empezando por el propio conocimiento de su convocatoria y de su significado1, para pasar al de los planteamientos formulados y su relación con la defensa del “trabajo decente” en el mundo, su componente de consciente solidaridad transnacional y su relación con los intereses particulares de cada ámbito. Y digo “relación” para no confundir su significado con la suma de intereses propios, pero aislados e incluso contradictorios, de cada rincón. Considero que este balance puede resultar muy ilustrativo de numerosos y esenciales problemas

3. De cómo puede influir la crisis del sindicalismo global en la del sindicalismo local y viceversa

Encontramos síntomas de crisis también en el sindicalismo planetario al examinar su incidencia en la problemática sindical de ámbito mundial, particularmente su respuesta a la actual crisis global desencadenada por la quiebra de Lehman Brothers en 2008, así como en relación con la política económica impulsada por la Comisión Europea, por los poderes mundiales, como respuesta a esa crisis. También en la actual “crisis de los refugiados”. Y, con todo ello, en la respuesta dada al modelo de globalización que se está imponiendo, en cómo se ha planteado la movilización sindical planetaria solidaria, necesaria sin duda si consideramos que existen intereses comunes entre los trabajadores del mundo consustanciales con la existencia de un sindicalismo mundial. También en cómo se defienden los derechos del trabajo en los países emergentes, en cómo se hace frente a la violación en tantos países del globo de los derechos básicos del trabajo, que son derechos humanos fundamentales, como el derecho a un salario digno, a la libertad sindical, a la huelga, a la salud y seguridad en el trabajo…

La dificultad en mi opinión no estriba en el reconocimiento formal de la realidad y gravedad de tales problemas, en el hecho por otra parte evidente de que el sindicalismo no esté librando una victoriosa batalla para resolverlos, sino en que desde el sindicalismo organizado no se ha asumido adecuadamente la naturaleza de tales problemas, como tampoco se ha analizado con rigor las características de la respuesta sindical producida y sus resultados. Unas carencias en el análisis que en mi opinión está repercutiendo negativamente, muy negativamente, en los sindicalismos de todos los rincones del mundo.

No sólo el sindicalismo mundial, sus formas organizadas, no ha asumido tal problemática, sino que han contribuido a las carencias de los sindicalismos nacionales en todos los ámbitos sectoriales y geográficos del planeta como consecuencia de unos planteamientos que en general no han pasado de la genérica y tópica denuncia en documentos de los que no emana ninguna iniciativa sindical, o de los que a lo sumo resultan algunas apariencias de tal iniciativa.

Un claro ejemplo de estas consideraciones lo constituyen sin duda los “7 de octubre” antes mencionados. En todos los Congresos de ámbito supranacional se empieza denunciando las políticas neoliberales y a su, evidente por otra parte, negativa traducción en las condiciones de vida y de trabajo de una gran mayoría de la población mundial, en la amplia violación de los derechos fundamentales del trabajo. Tal denuncia se proclama como el eje de la lucha de los “trabajadores del mundo unidos”. Esta fecha, que se ha definido como la “jornada de acción mundial por el trabajo decente”, debería por tanto jugar un papel central en la acción de los sindicatos del mundo entero. Pero no ha sido, no es, así. Convendría examinar la naturaleza de las acciones propuestas como respuesta consciente a una común problemática mundial, aunque no siempre entendida como tal, y terminando con los balances de los supuestos éxitos conseguidos con tal movilización. Pero no parece tampoco que avancemos por este camino. Este tipo de análisis podría también proyectarse para otras fechas emblemáticas como el 1º de mayo o el 8 de marzo, que se plantean como movilizaciones en torno a un interés común de la clase trabajadora mundial.


En la práctica los órganos de dirección de las estructuras sindicales supranacionales no han pasado de constituir coordinadoras de las organizaciones nacionales, sin asumir como prioritarios para su acción los intereses comunes y solidarios de los trabajadores del ámbito que se supone pretenden representar


A ello cabría añadir algunas consideraciones sobre la política de cuadros de las organizaciones sindicales supranacionales, la composición de sus órganos de dirección. Cómo entienden, o no, su función de dirigentes sindicales “globales”, es decir de los comunes intereses colectivos de la clase trabajadora en su ámbito de teórica representación. El problema no estriba en mi opinión en la proporción, o desproporción, de los cuadros de dirección sindical supranacional que sean (como son frecuentemente) alemanes, norteamericanos, japoneses, sudafricanos, …, sino en el hecho de que no se olvidan de la nacionalidad de su pasaporte al ejercer como dirigentes sindicales de todos los trabajadores de su ámbito supranacional.

En la práctica los órganos de dirección de las estructuras sindicales supranacionales no han pasado de constituir coordinadoras de las organizaciones nacionales, sin asumir como prioritarios para su acción los intereses comunes y solidarios de los trabajadores del ámbito que se supone pretenden representar.

Manifestación de trabajadores de SEAT, hacia 1979. ANC.fonsPSUC

Manifestación de trabajadores de SEAT, hacia 1979. ANC.fonsPSUC

Una penosa muestra más de todo ello es la reciente reunión del Comité de Dirección del 2 de febrero 2016 de la Confederación Europea de Sindicatos. El grave problema de los refugiados que llegan a Europa desde Oriente Medio, Siria en particular, más allá de alguna frase genérica más o menos pomposa, se abordó solamente en base a los evidentes problemas que se plantean no a los refugiados sino a nosotros, y en cada país. Todo ello desde ópticas impregnadas de xenofobia y nacionalismo de país más o menos explícitos, lo que motivó que no se tomara ningún acuerdo de iniciativa sindical al respecto. Quien no coincida con esta apreciación debería simplemente preguntarse qué ha hecho, hecho, no sólo dicho, el sindicalismo europeo organizado sobre esta no secundaria problemática. No lo planteo desde la, necesaria también, perspectiva de los genéricos derechos humanos, sino simplemente desde la consideración de los intereses colectivos de los trabajadores europeos como parte de la clase trabajadora mundial, en la se supone asumida perspectiva de construcción europea, quizás más necesaria aún en el marco de una crisis como la que estamos viviendo.

No pretendo en estas páginas desarrollar estas cuestiones, a ellas me he referido en algún otro trabajo y sobre las mismas sin duda volveré. Sólo lo apunto porque entiendo que debería tenerse también en cuenta en el proceso de “refundación” propuesto, ya que estamos hablando de un sindicato “nacional”, es decir local, en un ámbito “global”, como parte del necesario sindicalismo global, también como necesario agente en la construcción de éste.

4. Necesidad de una iniciativa que sacuda el mundo sindical y que probablemente podría ser asumida e impulsada aún por los actuales grupos dirigentes

Considero que superar la actual crisis del sindicalismo organizado a todos los niveles exige una clara respuesta al conjunto de cuestiones que se le plantean. Objetivo prioritario debe ser lograr la confianza del colectivo que se pretende representar para poder representarlo adecuadamente y también para poder organizarlo y dirigirlo.

Quizás resulte un poco exagerado, preferiría personalmente que así fuera, pero creo que estamos en una etapa en la que, para los actuales núcleos de dirección sindical a todos los niveles, ésta es quizás su última oportunidad para poder impulsar un proceso de renovación y resurgimiento sindical. Para algunos probablemente supone aún la posibilidad de encabezarlo. Podría considerarse que estoy proponiendo para el sindicalismo organizado una especie de “revolución cultural”, aunque ciertamente menos drástica que la china2.

Cuatro serían los ejes de este proceso:

  1. “Refundar” el sindicato como objetivo para recuperar la confianza de la clase trabajadora, asumiendo explícitamente que se trata de crear una “nueva” organización para poder seguir cumpliendo los objetivos proclamados por la actual.
  2. Una clara voluntad unitaria, siempre desde el ejercicio de la libertad sindical, planteando que se trata de trascender las actuales estructuras y sus fronteras, como una oportunidad además para avanzar en la unidad sindical organizada de la clase trabajadora, para conseguirla o para dar pasos significativos hacia tal objetivo.
  3. Asumir también que se trata de “globalizar” el sindicato partiendo del centro de trabajo, de integrarlo conscientemente en el movimiento sindical global, mundial, de construir por tanto un “célula” del “sindicato global” como contribución a su creación.
  4. Entender que paralelamente al proceso de elección de la nueva estructura sindical han de establecerse los ejes básicos de la acción sindical, “repensando” los objetivos esenciales en torno a los cuales organizar a la clase trabajadora a todos los niveles, desde el centro de trabajo al mundo mundial.

5. Posibles agentes activos para la iniciativa de refundación y a qué espacio se dirige

El objetivo histórico de unidad del sindicalismo organizado sigue teniendo plena validez. Supone asumir que el punto de partida es considerar como “clase”, una clase, al conjunto de los asalariados, asumiendo especificidades pero rompiendo las fronteras de división entre los diversos espacios de pluralidad como históricamente han sido tanto los de influencias políticas o ideológicas como los profesionales.

Los procesos de formación y profesionalización de los trabajadores a todos los niveles, así como los de automatización y de informatización, han roto fronteras anteriores, pero han podido provocar otras, creado múltiples colectivos con intereses particulares específicos, no siempre sumables, y dificultando la consciente asunción de los que pueden ser comunes. La diversidad actual de la clase trabajadora resulta también de las múltiples formas de relación contractual, de la dedicación temporal, o del grado de formalidad de la propia actividad, … Quizás esta unidad desde la diversidad-pluralidad profesional, contractual, temporal, formal, …, sea tanto o más difícil que la que históricamente ha pretendido superar las divisiones resultado de los postulados ideológico-políticos de los sindicatos.

Asumiendo lo difícil que supondría intentar construir una organización sindical unitaria desde tal diversidad-pluralidad de la clase trabajadora, creo que estamos en una coyuntura particular, con elementos de oportunidad no sé si repetibles en el futuro.


CC.OO, UGT, ambos sindicatos se encuentran en un similar momento crítico, con similares problemas de afiliación, de desgaste consecuencia de las evidentes dificultades para hacer frente a la crisis, con necesarias reorganizaciones para hacer frente a problemas financieros, …, a la vez que con una consolidada unidad de acción que en todo caso supone una sólida base para ésta y otras posibles aventuras


En España es necesario partir de la existencia de los dos grandes sindicatos CCOO y UGT, UGT y CCOO, cuando de las históricas fronteras que resultaban de sus dependencias políticas de los partidos comunista y socialista, prácticamente sólo quedan algunas inercias, sobre todo de personas, apenas de política sindical. Ambos sindicatos se encuentran en un similar momento crítico, con similares problemas de afiliación, de desgaste consecuencia de las evidentes dificultades para hacer frente a la crisis, con necesarias reorganizaciones para hacer frente a problemas financieros, …, a la vez que con una consolidada unidad de acción que en todo caso supone una sólida base para ésta y otras posibles aventuras. Y sin que ello, ante una apuesta por la unidad, suponga prescindir de otras formas sindicales minoritarias a las que entiendo debería estar abierto el proceso.

Considero que a los dos grandes sindicatos interesa una iniciativa para la “refundación sindical”, por lo que no tendría que resultar imposible que fuera impulsada por ambos conjunta o coordinadamente. Seguramente puede calificarse este objetivo como muy difícil, pero de enorme interés. Por ello, y porque sobre todo interesa a la clase trabajadora española, me atrevo a formular una propuesta, o sugerencia, unitaria. Estoy convencido por otra parte que, de no ser posible culminarla, obtendría un plus de credibilidad ante los trabajadores aquel que lo plantease abiertamente, invitando al otro, y a los demás, a su desarrollo conjunto.

Pensando esencialmente en mi sindicato, CCOO, pero aplicable por extrapolación con otros formatos, la propuesta para el proceso de “refundación” podría dirigirse, con idénticos derechos de participación, a un espacio sindical integrado por:

  • Las actuales estructuras sindicales, es decir el conjunto de personas afiliadas.
  • El actual espacio electoral en los centros de trabajo, es decir las candidaturas y votantes en las últimas elecciones sindicales, independientemente de su afiliación formal en el caso de las candidaturas. En el de los votantes es evidente que incluye un espacio de no afiliados.
  • Y aunque coincide en parte con este segundo grupo, creo que ha de afirmarse expresamente que se pretende incluir a los “simpatizantes” en el momento en el que se lance el proyecto.

Es evidente que este último grupo es el menos delimitado, el menos estable, el más difuso. Y podría variar, incrementándose entiendo, si se explicara adecuadamente el proyecto y se hiciese un expreso llamamiento al conjunto de los trabajadores en los centros de trabajo a la participación en el mismo como compromiso personal en la construcción  del “nuevo” sindicato.

Para todo ello habría que plantearse además las posibles formas de participación en este proceso de una parte importante de la clase trabajadora, me refiero a los trabajadores de la economía “informal”, sumergida o negra, así como a los parados. Organizar su participación no es tarea fácil, pero en la medida que existen, que son trabajadores en el pleno sentido de la palabra,  tendrían que encontrarse las formas para conseguir su participación.

Está siendo éste un año de Congresos sindicales. El impulso de esta iniciativa exigiría seguramente uno extraordinario para UGT, recién terminado ahora el suyo, pero para CCOO podría aprovecharse el próximo para impulsar una iniciativa de estas características.

6. Dos documentos para impulsar y dirigir el proceso

Para impulsar y dar contenido a este “proceso” serían necesarios en mi opinión dos documentos que deberían ser aprobados previamente por los promotores, es decir por los dos sindicatos si se abre conjuntamente el camino a la unidad sindical, o por sólo uno de ellos si se plantea su propia refundación. Y dirigidos a su espacio sindical, conjunto o particular. Deberían ser documentos breves de verdad (por ejemplo con un máximo de 4 folios)

  • Un documento base programático en el que, asumiendo la crisis global y de confianza en las organizaciones sociales, se aborde para superarla una explicación de: 1) los motivos de la propuesta, y 2) un guión para la elaboración colectiva de los objetivos de la nueva organización
  • Y otro documento de carácter instrumental que estableciera el esquema de trabajo, de debate y de toma de decisiones para ir concretando objetivos, y, a la vez, ir configurando la estructura, los órganos, del nuevo sindicato.

Paso a detallar mis sugerencias para cada uno de ambos documentos base.

7. Esquema de los objetivos sindicales básicos para la propuesta

Con la señalada definición del porqué de la propuesta, es decir la constitución de una nueva organización a partir de la experiencia de la/s que impulsa/n el proceso, un guión de los contenidos básicos de la nueva organización podría ser:

  • Defensa de los derechos esenciales de los trabajadores, en tanto que tales y en tanto que ciudadanos, desde el centro de trabajo. Es decir derivados de sus relaciones sociales, como “asalariados que trabajan para y a las órdenes de otros”:
    • libertad sindical,
    • derecho de negociación colectiva,
    • salario mínimo vital en el país, partiendo de un esquema de gastos básicos de una familia trabajadora
    • retribución básica de subsistencia indefinida tras agostar las prestaciones por desempleo
    • derecho a la salud dentro y fuera del centro de trabajo
    • derecho a la formación cultural y profesional,
  • Definición de los ámbitos en que se pretende defender estos derechos: desde el centro de trabajo al ámbito mundial, con una consciente e interesada solidaridad en cada ámbito y entre ellos.
  • Voluntad e interés de incidir en la vida política nacional e internacional desde la defensa de tales derechos y en tanto que organización sindical.
  • Incompatibilidad de funciones sindicales y políticas al mismo nivel o ámbito de representación.
  • Elaboración de un nuevo “Código del Trabajo” que sustituya el actual “Estatuto de los Trabajadores”, negociado con las organizaciones empresariales, con los derechos y deberes de trabajadores y empresarios (por ello “del Trabajo” en lugar “de los Trabajadores”)
  • Voluntad de unidad de la clase trabajadora: unidad de acción como objetivo permanente a todos los niveles, desde el centro de trabajo al ámbito mundial, con el expreso objetivo de la unidad orgánica. Unitarismo desde la libertad sindical.
  • Voluntad de impulsar la negociación colectiva en todos los ámbitos y a todos los niveles de la organización sindical con la correspondiente estructura de representación  empresarial, desde el centro de trabajo a los supranacionales, concretando en cada uno de ellos los derechos colectivos y solidarios de general y obligada aplicación.
  • Voluntad de llevar esta propuesta y sus resultados a los ámbitos transnacionales de organización y acción sindicales.

8. Esquema de discusión de las propuestas programáticas y de elección de los órganos de gobierno de la nueva organización

Entendiendo el centro de trabajo como célula básica de organización y referencia primera para su difusión y discusión, se enviará el documento base:

  • A los afiliados
  • A todas las estructuras del o de los sindicato/s que impulse/n el proceso constituyente
  • A todas sus candidaturas en las últimas elecciones sindicales
  • A los espacios de “simpatizantes” de tal/es organización/es, concretado como mínimo en el voto a sus candidaturas en las elecciones sindicales
  • A los espacios, sectoriales y territoriales, de la economía sumergida y de desempleo

Fomentando su amplia difusión, se fijarán fechas o plazos de las reuniones para su discusión y para la elección de los y las representantes, con el calendario de todo el proceso hasta el “Congreso Sindical Constituyente”. De este calendario se dará amplia difusión y publicidad, convocando a las personas que integran el espacio sindical de los convocantes antes definido.

Para la elección se establecerá un sistema de voto secreto y de listas abiertas. Las personas elegidas se constituirán a la vez como órganos de dirección sindical del ámbito de elección y delegadas base para la elección del ámbito superior.

Con normas sencillas y con algunas condiciones en las candidaturas que puedan presentarse tales como:

  • No incluirán ninguna persona que haya pertenecido ininterrumpidamente al órgano a elegir en los 5 o más años anteriores al momento de la elección
  • La distribución por género no podrá separarse en más de un 10 % de los correspondientes porcentajes del ámbito en el que se produce la elección, presentándose las listas en forma de “cremallera” hasta donde permita la alternancia de género.
  • El 60 % será menor de 40 años
  • El 75% de los nuevos órganos han de estar integrados por personas que no hayan pertenecido al órgano que se constituye en los últimos 5 años

En esa estructura se mantendrá la actual dualidad sectorial y territorial para los centros de trabajo, integrándose los parados en la sectorial de procedencia o la territorial de residencia.

Antes de plantear una consideración de conjunto sobre estas propuestas quiero señalar que este esquema de condiciones para las candidaturas lo propongo solamente para el Congreso “constituyente”, con exigencias de renovación que entiendo solamente justificables por el momento de crisis de confianza antes señalado. Las futuras limitaciones deberían resultar del propio proceso de constitución de la nueva organización, seguramente matizándolas, como, por ejemplo, sustituir el límite apuntado de los 5 años por dos mandatos completos, lo que considero más adecuado para una organización en una fase de estabilidad.

9. De las posibles contradicciones de estas propuestas

Voces amigas, con las que comenté las ideas que han dado lugar a estas propuestas, me señalaron, creo que con razón, que pudiera resultar contradictorio, y probablemente de imposible aplicación, proponer a la vez una profunda renovación, refundación, impulsada por los actuales grupos dirigentes, y al mismo tiempo unas normas que de hecho impidieran a éstos continuar.

La propuesta de Congreso “constituyente” resulta motivada esencialmente por la consideración de que es necesario recuperar la confianza de la clase trabajadora en el sindicalismo organizado,  y es probable que, tal cual se formula, esta propuesta pueda resultar efectivamente contradictoria y por ello incluso inviable. Salvo que se considere posible, aunque ciertamente difícil, una gran dosis de lucidez y generosidad en los actuales grupos dirigentes. Quiero ser ligeramente optimista al respecto.

Pero, como se ve, esta coincidencia con la advertencia amiga no me ha llevado a modificar tal propuesta. Porque se trata en realidad de dos propuestas no necesariamente ligadas.

Creo efectivamente que sería conveniente que el proceso de renovación sindical sea impulsado por la actual dirección, casi imprescindible en la medida de que no propongo la sublevación de las bases. Y creo también necesario que, con activa participación de la más amplia base sindical, se produzca una profunda renovación en los órganos dirigentes para poder construir una nueva relación de confianza con la profundamente renovada dirección sindical.

Se trata de dos objetivos independientes, ya que, aunque interrelacionados no se condicionan mutuamente de forma absoluta. Es cierto que, tal como se formulan, tienen un eslabón común, la actual dirección. Y a ésta se le pide efectivamente un evidente sacrificio, impulsar un proceso que lleve a su desaparición como dirección. Pero en ningún caso lo calificaría de suicidio, ya que, de desarrollarse así los acontecimientos, siempre podrían disfrutar del más profundo reconocimiento del más amplio espacio sindical, también de la nueva dirección sindical, probablemente de la más amplia opinión social.

En todo caso, que se me permita otra observación que no creo sea una frivolidad. Aunque me gustaría, no es mi pretensión que se aplique en todo su detalle lo que estoy proponiendo. Mi propuesta parte de una reflexión personal. Su objetivo es contribuir a una amplia reflexión sobre las cuestiones suscitadas. Y que decida quien corresponda, base y/o dirección. Me sentiría profundamente satisfecho si, más allá de la aceptación o rechazo en uno u otro grado de estas propuestas, estuviera contribuyendo a la reflexión sobre la que creo necesaria renovación, refundación, sindical.

10. Una consideración final

La crisis económica y social, así como la crisis de confianza en las instituciones, la sindical incluida, exige una respuesta valiente para superar el desgaste, lento en ocasiones pero evidente, que podría llevar no sólo a la casi paralización de las iniciativas sindicales, sino a una degradación de la que resultara la imposible recuperación de las actuales organizaciones.


Se trata, por el contrario, de tomar una iniciativa que vaya contra esta negativa tendencia, que tome su punto de partida en el convencimiento de que el sindicalismo es necesario, y posible, pero para ello precisa de una profunda renovación, superando negativas inercias. Y ello considero que sólo es factible con propuestas que contengan claros elementos de ruptura con la actual situación


Se trata, por el contrario, de tomar una iniciativa que vaya contra esta negativa tendencia, que tome su punto de partida en el convencimiento de que el sindicalismo es necesario, y posible, pero para ello precisa de una profunda renovación, superando negativas inercias. Y ello  considero que sólo es factible con propuestas que contengan claros elementos de ruptura con la actual situación. Éste es el sentido de esta propuesta “constituyente”.

Al mismo tiempo, no todos los mensajes han de ser sólo de alerta ante las crisis, entiendo que es conveniente subrayar la potencialidad que podría conferir esta iniciativa a la organización u organizaciones que se atreviera/n a impulsarla.

 

_________________
Isidor Boix. Secretario de Acción Sindical Internacional de FITEQA-CC.OO. Miembro de las Comisiones Ejecutivas de las Federaciones sindicales europeas FSE:THC y EMCEF, y de las internacionales FITTVC e ICEM-

 

1.- Invito a los lectores de estas notas a preguntarse sobre su conocimiento de la significación de esta fecha. [1]

2.- La “Revolución Cultural” china disolvió en 1966 la Federación de Sindicatos de China, que tuvo que esperar la muerte de Mao Tse Tung para reorganizarse, realizando su primer Congreso de la actual etapa en 1978. Referencia formal que no significa, supongo que se entiende, que el “refundado” sindicalismo oficial chino sea el modelo de mi propuesta. [2]