Fotografía y crisis social: la FSA y la OWI en los años treinta

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Por ENRIC BERENGUER

Vicksburg Negroes and shop front. Mississippi-Walker Evans 1936 [Library of Congress, Prints & Photographs Division, FSA-OWI Collection]

Vicksburg Negroes and shop front. Mississippi-Walker Evans 1936 [Library of Congress, Prints & Photographs Division, FSA-OWI Collection]

La FSA fue una oficina de la administración americana, creada durante la depresión económica de los años treinta. Este organismo respondía a la necesidad de documentar todos los esfuerzos que se estaban realizando para paliar la situación de miles y miles de trabajadores rurales del centro de Estados Unidos, expulsados ​​de sus tierras por la sequía y la dura competencia de la agricultura industrial basada en los nuevos abonos químicos y la nueva maquinaria pesada agrícola, que conseguía cultivar grandes extensiones de tierra con poca mano de obra. Todos estos agricultores, que en muchos casos no eran propietarios de la tierra, cuando no pudieron pagar los créditos que los bancos les concedían para poder desarrollar su trabajo, fueron expulsados ​​y sustituidos por trabajadores asalariados.

El nuevo gobierno de Franklin D. Roosevelt (1933-1945) puso en marcha un programa por una decisión ejecutiva, creando la Resettlement Administration, para apoyar a los agricultores y ayudarles a reubicarse en nuevas tierras más al este, hasta llegar a California. El subsecretario de Agricultura, Rexford G. Tugwell (1891-1979), diseñó y ejecutó el programa de la Administración. Una de las primeras decisiones fue crear una Sección histórica con el objetivo de documentar todo lo que se hacía y de explicar la situación en que se encontraban los desahuciados, y para ello puso al frente un hombre de confianza que había sido alumno suyo y buen colaborador, se trataba de Roy E. Striker (1893-1975). En 1937 se crea como agencia del New Deal, dentro del departamento de Agricultura, la Farm Security Administration.

Striker empezó a contratar fotógrafos, los mejores. Uno de los primeros fue Walker Evans (1903-1975) que ya había trabajado para él en la Resettlement Administration en 1935, documentando los granjeros de Virginia y Pennsylvania. Durante el año 1936 Walker Evans aprovechó para hacer un encargo de la revista Fortune que finalmente no publicó, se trataba de un reportaje sobre la situación de las zonas agrícolas, para ello estuvo conviviendo con tres familias desfavorecidas de las zonas rurales, lo hizo colaborando ​​con un escritor, James Agee (1909-1955), muy comprometido con la causa de los desfavorecidos. Él y Evans lograron publicar en 1941 los reportajes agrupados en un libro titulado Let Us Now Praise Famous Men (Alabemos ahora hombres famosos), considerado el mejor relato sobre la vida real de los pequeños agricultores de los Estados Unidos durante la Gran Depresión.

La FSA, agrupó una serie de fotógrafos que años más tarde sería la élite de la fotografía mundial. Además de Walker Evans también se contrató a Dorothea Lange (1895-1965), que consiguió una de las imágenes más representativas de los agricultores desfavorecidos, se trata de la de la «madre emigrante» con dos criaturas que son incapaces de mirar a la cámara. Otros fotógrafos fueron Jack Delano, Russell Lee, Gordons Parks, Artur Rothstein, John Vachon y otros. Todos ellos realizaron miles de imágenes, el archivo generado fue de 164.000 negativos y 77.000 copias, que una vez cerrada la oficina se depositaron en el Archivo de la Biblioteca del Congreso. Cuando los Estados Unidos entraron en guerra, durante la Segunda Guerra Mundial, la FSA se convirtió, aún bajo las órdenes de Roy Striker, en la Office of War Information. Este organismo tenía el objetivo de realizar imágenes propagandísticas de la guerra. Pero el equipo de la FSA duró poco, fueron sustituidos por otros fotógrafos más afines al Departamento de Guerra, ya que el primer trabajo que llevaron a cabo fue el del confinamiento de los ciudadanos americanos de origen japonés, por el peligro que representaban según las autoridades. Aunque fueron bien tratados, al menos era lo que se quería demostrar, lo que se estaba haciendo era encerrar a ciudadanos americanos por su origen japonés. Las mejores imágenes eran de Dorothea Lange y de Ansel Adams y en ellas se podían ver las instalaciones donde se les confinó, y su forma de vida en aquellos espacios de reclusión.

Para entender el espíritu con que se hicieron las fotografías nos sirve un texto de la misma Dorothea Lange, en el que hace una exposición de los propósitos de la fotografía documental:

«Mi enfoque se basa en tres consideraciones. Ante todo: ¡manos fuera! Aquello que yo fotografío, no lo perturbo ni lo modifico ni lo arreglo. Segundo: un sentido del lugar. Lo que yo fotografío, procuro representarlo como parte de su ambiente, como enraizado en él. En tercer lugar: un sentido del tiempo. Lo que yo fotografío, procuro mostrarlo como poseedor de un momento dado, en el pasado o en el presente.»

Los fotógrafos y cineastas participaron en la Segunda Guerra Mundial desde la primera línea de fuego, como ya se había hecho antes. Pero en esta guerra podemos hablar de un aparato de propaganda gestionado y ejecutado por el Estado, lo que en Estados Unidos no siempre se vio con buenos ojos, ya que la experiencia conocida del aparato de propaganda de los nazis a cargo de Joseph Goebbels (1897-1945) estaba muy presente. Pero eso es parte de nuestra Historia reciente.