Suspiros de España. El nacionalismo español 1808-2018 (Xose M. Núñez Seixas) + España: la historia de una frustración (Josep M. Colomer)

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Por ALEJANDRO QUIROGA

Xose Manoel Núñez Seixas, Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018, Barcelona, Crítica, 2018

Josep M. Colomer, España: la historia de una frustración, Barcelona, Anagrama, 2018.

Portada de los libros 'Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018' de Xose Manoel Núñez Seixas y 'España: la historia de una frustración' de Josep M. Colomer

Portada de los libros ‘Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018’ (Crítica, 2018) de Xose Manoel Núñez Seixas y ‘España: la historia de una frustración’ (Anagrama, 2018) de Josep M. Colomer

Desde los EEUU a la India, pasando por Europa, el reforzamiento de los movimientos nacionalistas ha marcado la política mundial de los últimos años. Como es bien sabido, España también ha vivido su particular efervescencia patriótica con el auge del independentismo en Cataluña y la reformulación de los nacionalismos españoles. Los dos libros aquí reseñados se centran en los nacionalismos y las identidades españolas, unos temas sobre los que hemos aprendido mucho en los últimos tiempos, pero que tradicionalmente habían estado relegados a un segundo plano.

Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018 arranca con una introducción clara en la que se explica por qué gran parte de los nacionalismos españoles no se consideran como tales y se abordan las similitudes entre nacionalismo y patriotismo. Además, Núñez Seixas incluye una buena explicación teórica sobre las principales escuelas sobre el estudio del nacionalismo y se posiciona dentro del paradigma modernista. Para el historiador gallego, los nacionalistas crean naciones y ni los nacionalistas españoles, ni los catalanes, ni los vascos, ni los flamencos son una excepción.

El segundo capítulo, «De la monarquía católica a la nación imperial (XVI-XIX)», repasa de un modo ágil  las distintas concepciones de España como comunidad política desde los Reyes Católicos a la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898. Coherente con los postulados de la escuela modernista, Núñez Seixas ubica el surgimiento de los nacionalismos españoles a finales del siglo XVIII y su articulación formal con la Guerra de Independencia. Durante el siglo XIX, estos nacionalismos hispanos fueron transformándose y fragmentándose, de tal modo que a la altura de 1898 se daba en España un mosaico de identidades territoriales bastante variado. En este mosaico identitario encontramos liberales moderados, liberales demócratas, conservadores varios, republicanos centralistas, republicanos federales, carlistas y socialistas, todos ellos reproduciendo sus discursos españolistas propios, además de catalanistas, nacionalistas vascos e independentistas cubanos.


Núñez Seixas ubica el surgimiento de los nacionalismos españoles a finales del siglo XVIII y su articulación formal con la Guerra de Independencia


En este mismo capítulo, Núñez Seixas también lidia con el paradigma de la débil nacionalización, es decir, la idea de que el Estado español decimonónico mostró una serie de deficiencias en su construcción que conllevaron una debilidad de la difusión social del sentimiento de pertenencia a la nación española. Esta tesis, que tuvo mucho predicamento en los años 90 y la primera década del siglo XXI, ha sido posteriormente matizada por varios estudios empíricos, que han mostrado que, comparado con la mayoría de los procesos de construcción nacional europeos, el caso español no fue necesariamente excepcional. Además, las exaltaciones de identidad local y regional, que antaño se consideraban un síntoma de debilidad, ahora las entendemos, en muchos casos, como vías complementarias de la labor nacionalizadora, que fomentaban el arraigo en el ámbito local de la identidad española. Por otro lado, la creación del sentimiento de españolidad también se dio en la sociedad civil por medio de mecanismos informales de nacionalización desvinculados del Estado. Estas prácticas informales vinculadas a formas de ocio y sociabilidad posibilitaron la promoción de símbolos e ideas de España a pesar de la escasa eficacia modernizadora del Estado en muchos de los territorios hispanos.

Con independencia de la mayor o menor debilidad de la nacionalización decimonónica, lo cierto es que en las primeras décadas del siglo XX los nacionalismos españoles sufrieron un importante proceso de reelaboración e intensificación. El Capítulo 3 analiza el periodo 1898-1936, años de regeneracionismos, de búsquedas del verdadero pueblo, de aventuras coloniales y de nuevos enemigos en forma de nacionalistas catalanes y vascos. Fueron años, también, en los que se puso en marcha el primer intento de institucionalización consciente del nacionalismo español autoritario durante la dictadura de Primo de Rivera y de una nacionalización democrática de las masas durante lo primero años de la II República.

El cuarto capítulo de Suspiros de España explora los nacionalismos españoles durante la Guerra Civil y el franquismo. Aquí Núñez Seixas presenta la Guerra Civil como un conflicto entre nacionalismo españoles de derecha e izquierda, además de una pugna entre los nacionalismo españoles y los subestatales. Como es conocido, el nacionalismo que se impuso por las armas en 1939 era uno de corte nacional-católico, mezclado con imperialismo falangista, el mito de la Hispanidad y un militarismo poco elaborado. La gran tarea que se impuso el franquismo fue la de renacionalizar a los españoles en estos postulados autoritarios. El resultado aquí fue un tanto paradójico. La dictadura contó con todos los medios del Estado a su entera disposición para renacionalizar a los españoles, pero los efectos de sus políticas fueron bastante limitados, cuando no abiertamente contraproducentes. Sin embargo, la dictadura tuvo bastante más éxito al trasmitir una idea cultural de España, a través de mecanismo informales que no apelaban los «caídos por dios y por España» y no estaban directamente vinculados con el Estado. Así el fútbol, la copla, los toros y el cine (a través de la españolada) contribuyeron a difundir los imaginarios franquistas de un modo trivial pero eficaz.


El autor de Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018 presenta la Guerra Civil como un conflicto entre nacionalismo españoles de derecha e izquierda, además de una pugna entre los nacionalismos españoles y los subestatales


El Capítulo 5 estudia la evolución histórica de los nacionalismos españoles en el periodo 1975-2018 y constituye la mayor parte del libro. La profunda deslegitimación del nacionalismo español por la apropiación simbólica y discursiva que hizo el franquismo del españolismo y la legitimidad anti-franquista que alcanzaron los nacionalismos subestales, condicionaron enormemente la reinvención de los patriotismos españoles tras la muerte del dictador. Pese a su aparente invisibilidad, el nacionalismo español de corte democrático se reformuló desde finales de los setenta sobre unos postulados que entienden a España como una nación soberana, que ha sido forjada por la historia, descentralizada políticamente y con una importante pluralidad etnocultural, institucional y jurídica. A partir de aquí, Núñez Seixas analiza con gran detalle los distintos modelos de patriotismos españoles en las derechas y las izquierdas. El último apartado del capítulo está dedicado a la cuestión simbólica, al difícil consenso sobre himnos y banderas y los múltiples conflictos entre los nacionalismos españoles y los subestatales. Se trata de una aportación muy interesante, que se centra en un tema de una enorme carga emotiva y, conviene recordarlo, las emociones juegan un papel fundamental en los procesos por los cuales los ciudadanos ‘experimentan’ las identidades nacionales de un modo cotidiano.

El epílogo del libro, titulado «El nacionalismo español actual: nuevos desafíos, viejas fórmulas», incluye una serie de reflexiones muy interesantes sobre la cuestión nacional en la España de la segunda década del siglo XXI. En primer lugar, Núñez Seixas sugiere que, a pesar de su tradición autoritaria en gran parte del siglo XX, el nacionalismo español contemporáneo no es particularmente  intolerante y fanático, si lo comparamos con otros nacionalismos de Estado como el francés y el italiano. Después de 40 años de descentralización, muchos españoles han aprendido a convivir con la pluralidad con bastante pragmatismo. Y si bien los estereotipos regionales y nacionales siguen formando parte de la cultura popular, en la vida cotidiana «no existe conflicto intragrupal entre ciudadanos de diversas procedencias territoriales, sino más bien coexistencia pacífica, interacción y mestizaje» (189).

La convivencia  en el día a día no oculta, sin embargo, que el nacionalismo español de corte conservador haya sufrido un proceso de involución durante la última década. La conversión de la Constitución del 78 en un texto inmodificable (a no ser que hablemos del pago de la deuda), a la vez que se ignoran los valores de justicia social y pluralidad etnoterritorial que se recogen en el Carta Magna española, son buenos ejemplos de esa involución. De un modo complementario, Núñez Seixas señala las llamadas de algunos líderes conservadores a disminuir el número de competencias en manos de las comunidades autónomas y a reforzar las competencias del Estado como parte de ese proceso de involución del nacionalismo español, si bien esta regresión se ha producido fundamentalmente en el ámbito discursivo.


Según Núñez Seixas, a pesar de su tradición autoritaria, el nacionalismo español contemporáneo no es particularmente intolerante y fanático. Después de 40 años de descentralización, muchos españoles han aprendido a convivir con la pluralidad con bastante pragmatismo (…) La convivencia en el día a día no oculta, sin embargo, que el nacionalismo español de corte conservador haya sufrido un proceso de involución durante la última década


La izquierda española contemporánea, por su parte, no ha modificado mucho sus postulados en los últimos años. De una parte, las propuestas federalistas de algunos sectores del PSOE siguen siendo un tanto vagas, mientras otros en el partido de Pedro Sánchez apuestan por reforzar los mecanismos de solidaridad y cohesión para generar sentimiento nacional común. Por otro lado, el surgimiento de Podemos, explica Núñez Seixas, ha permitido la recuperación de un patriotismo popular que sitúa a la gente como depositaria de las virtudes de la nación. Se trata de un neopatriotismo republicano y anti-fascista español que ha reformulado la idea de nación de naciones por una de «país de países», pero que también ha juagado a la ambigüedad territorial en Cataluña, Euskadi y Galicia, trazando alianzas electorales con fuerzas nacionalistas subestatales. Como le ocurrió a Izquierda Unida en el pasado, las tensiones entre aquellos en Podemos que ponen el énfasis en la diversidad nacional del Estado y los que defienden la articulación de un mensaje de justicia social y regeneración para toda España pueden acabar por lastrar este renovado neopatriotismo republicano y anti-fascista.

El epílogo de Suspiros de España es especialmente pertinente al recordarnos la gran paradoja de la experiencia española en cuestiones de identidad nacional de los últimos treinta años. Por una parte, y pese a los intentos de los gobiernos centrales, el Estado democrático no ha sido capaz de convencer a todos sus ciudadanos de las bondades de una identidad española constitucional, muy especialmente en Cataluña y el País Vasco. Asimismo, los gobiernos autonómicos de Euskadi y Cataluña, controlados por fuerzas nacionalistas subestatales prácticamente desde su creación en 1980, no han podido generar una hegemonía absoluta de las identidades exclusivas vascas y catalanas. En toda España, y también en Cataluña y el País Vasco, la gran mayoría de los ciudadanos declaran tener identidades duales, es decir, se identifican con España y su comunidad autónoma. Según nos indican las encuestas, los procesos de transmisión de identidad nacional, la denominada nacionalización de la población, han dado lugar a una especie de empate entre los nacionalismo españoles y los nacionalismo subestatales. Ni la identidad española se ha convertido en hegemónica en todo el Estado, ni las identidades vascas y catalanas han conseguido una exclusividad absoluta en estos territorios.


Josep M. Colomer se pregunta cuándo se frustró España y llega a la siguiente conclusión: «un Imperio ruinoso hizo un Estado débil, el cual construyó una Nación incompleta, la cual sustenta una democracia minoritaria»


El libro de Josep M. Colomer España: la historia de una frustración también trata la cuestión de la nacionalización, la construcción del Estado-nación y los choques entre nacionalismos estatales y subestatales. La obra, no obstante, es un ensayo, con buenas dosis de opinión, sobre la España actual a la luz de la historia moderna. Colomer se pregunta cuándo se frustró España y llega a la siguiente conclusión: «un Imperio ruinoso hizo un Estado débil, el cual construyó una Nación incompleta, la cual sustenta una democracia minoritaria» (15) A partir de esta premisa, el autor divide el libro en cuatro apartados titulados «Imperio ruinoso», «Estado débil», «Nación incompleta» y «Democracia minoritaria».

Los postulados de Colomer están basados en una visión bastante tradicional de la historia de España. Las ideas del imperio atrasado que fue incapaz de generar riqueza, del Estado frágil, de la débil nacionalización y de la democracia imperfecta controlada por una oligarquía de partidos forman parte de una historiografía que ha sido cuestionada seriamente en las últimas décadas. La modernidad de un imperio que desarrolló un sistema capitalista colonial bastante sofisticado y duradero, la relativa fortaleza del Estado decimonónico comparado con otros países europeos, la eficacia de los procesos informales de nacionalización y la importancia de la sociedad civil en el funcionamiento político de la democracia hispana son ideas que llevan bastante tiempo en el debate académico y que, quizás, hubiera convenido tener en cuenta en el análisis del libro.


Aunque el politólogo catalán adopta un enfoque modernista de corte constructivista reconociendo que son los nacionalistas los que hacen las naciones y no al revés, en ocasiones cae en una cierta ‘naturalización’ de los conceptos de nación y país (…) Este proceso de naturalización de las naciones nos indica hasta qué punto el vocabulario de los nacionalistas está extendido socialmente


Por otro lado, en España: la historia de una frustración se da, en ocasiones, una cierta ‘naturalización’ de los conceptos de nación y país. Así a España se le dota de algunas actitudes humanas como darse cuenta de cosas (22), honrar el Día de la Hispanidad (145), estar ocupada (268), distraerse (268) y revivir (270). No quiere decir esto que Colomer adopte postulados nacionalistas que otorgan a la nación una condición orgánica  y una capacidad de actuar y sentir. De hecho, el politólogo catalán adopta un enfoque modernista de corte constructivista reconociendo que son los nacionalistas los que hacen las naciones y no al revés. Pero este proceso de naturalización de las naciones sí nos indica hasta qué punto el vocabulario de los nacionalistas está extendido socialmente y cómo se cuela en los trabajos académicos que se dedican, precisamente, a estudiar fenómenos nacionalistas.

Tanto Suspiros de España como España: la historia de una frustración son libros pensados para un público amplio. Son obras de divulgación que intentan explicar el mundo en el que vivimos con una mirada hacia el pasado. Se trata de un esfuerzo muy de agradecer en los tiempos que corren, donde priman los sentimientos sobre los argumentos y, demasiado a menudo, la nación sobre la razón.

 

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Alejandro Quiroga Fernández de Soto. Politólogo e historiador español, profesor de las universidades de Alcalá y Newcastle. Se doctoró en Ciencias Políticas en la London Schoool of Economics and Political Science. Actualmente es profesor titular de Historia de España en la Universidad de Newcastle. Entre otros títulos, ha publicado España reinventada. Nación e identidad desde la Transición (Ediciones Península, 2007), junto a Sebastian Balfour.