Ciudades rebeldes

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Por XULIO FERREIRO, alcalde de A Coruña (Marea Atlántica)

Foto: © Julio César Mesa

Foto: © Julio César Mesa

“La Plaza entra en el Pazo”. Con esta frase, el pasado 13 de junio de 2015, la Marea Atlántica en A Coruña y a la vez otras muchas iniciativas municipalistas accedían al gobierno de sus ciudades (Compostela, Ferrrol, Barcelona, Madrid, Cádiz, Zaragoza…) provocando un vuelco enorme en la política estatal, recibido con sorpresa en algunos foros a pesar de que no suponía un estallido repentino, sino un paso más dentro de un proceso que llevaba años en marcha y que no se ha detenido desde entonces, porque ciertos logros solo tienen sentido si obligan a seguir hacia delante.

En A Coruña, la Marea Atlántica que tuve el orgullo de encabezar en su versión electoral -que por supuesto no es la única- recogía el testigo del 15-M y de movimientos anteriores para irrumpir en unas urnas en la que se vislumbraban mimbres de oportunidad a poco que se realizara un análisis fino del escenario. Pero el paso novedoso que exigía el momento no tenía tanto que ver con cálculos estadísticos sino con necesidades ciudadanas y con las herramientas y los procesos que pudieran estar a su altura. Se trataba de construir desde abajo, movilizando al acostumbrado a quedarse fuera y atrayendo a quien priorizaba las claves de parte a los intereses colectivos. Ese proceso de confluencia, liderado desde la base ciudadana y al que se sumaron siglas ya existentes, dio ejemplo mediante la horizontalidad y la participación, creando realidades donde en demasiadas ocasiones solo habíamos encontrado deseo. La mezcla de épica y responsabilidad funcionó en los comicios. Pero ganar (renunciar a la cultura de la derrota se demuestra como otro de los aciertos de esta nueva era política) era solo el principio.


Los nuevos gobiernos municipales afrontamos un reto lleno de paradojas y terrenos inexplorados, de los que cabe hacer virtud


Los nuevos gobiernos municipales afrontamos un reto lleno de paradojas y terrenos inexplorados, de los que cabe hacer virtud. Partiendo del rechazo profundo a la corrupción y las prebendas como terreno de juego y con el firme propósito de romper barreras entre representantes y representados, la experiencia de estos primeros meses confirma la validez del espacio municipal como proyector de cambio, como unidad central básica para un nuevo modelo económico, social y político. La irreversibilidad de algunas de las medidas que hemos tomado (¿quién se atreverá en un futuro a suprimir los programas de participación ciudadana puestos en marcha, por ejemplo?) y el acercamiento a las nuevas narrativas -aunque sea impostado- con el que que viejas fuerzas de poder intentan sobrevivir al naufragio (ahí están los constantes ‘giros sociales’ de Rajoy o Feijóo en los últimos meses) mantienen viva la disputa a la vez que certifican un desplazamiento del debate hacia las posiciones marcadas por las iniciativas municipalistas en mayo de 2015, movimiento con balance positivo así como se toma distancia del ruido mediático.

Foto: © Alfredo Castro Fernández

Foto: © Alfredo Castro Fernández

Las políticas sociales y la innovación democrática toman cuerpo en las administraciones locales al tiempo que desde esa fórmula se atacan nuevos frentes. Interconectados. Los gobiernos municipales también sufren la pérdida de soberanía popular que lastra toda acción institucional a día de hoy. La Ley Montoro obstaculiza la recuperación de servicios públicos o la contratación de personal pero facilita jugosas privatizaciones. Aparece en ese marco un espacio común que hemos conformado en base a los paradigmas que nos definen; aquellos en los que la cooperación se impone a la competición.

Incluso vencemos en pequeñas batallas de lenguaje. A regañadientes, pero es masiva la utilización del concepto “ayuntamientos del cambio” también entre quien ha lanzado focos abrasivos contra ellos. Nosotros, sin embargo, hemos ido más allá y optado por el término “ayuntamientos rebeldes”. Una red que ya existe en el Estado español. Y que también asume como necesidad extenderse a Europa.

El pasado 9 de febrero, participé en Berlín en el acto de presentación del Movimiento por la Democracia en Europa (DiEM 25) impulsado por el exministro griego de Economía, Yanis Varoufakis. Compañeros y compañeros de organizaciones hermanas y de otros ayuntamientos como el de Barcelona compartieron esa experiencia. Allí llamamos una vez más a salir del gueto y dirigirnos a las mayorías; a construir una Europa federal desde abajo. Hablamos de repolitización, de profundidad democrática o de la composición de un horizonte de prosperidad compartida. Asumimos los cuatro ámbitos donde se libra la crisis: deuda, baja inversión, banca y pobreza. En ellos tenemos un desafío local y global. De Europa y de los Ayuntamientos rebeldes. De una red de cambio que no se detiene.