Fin de ciclo. España y Europa en un mundo abierto al cambio

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Por STEVEN FORTI

Foto: Paul Boswell

Foto: Paul Boswell

No cabe duda de ello. El 26-M ha marcado el fin de un ciclo en España y la apertura de una nueva fase, cuyo desarrollo es aún incierto. Si no lo admitimos y no empezamos a reflexionar al respecto, mal vamos. Se puede matizar, claro está, pero a los hechos me remito. Es suficiente ver los resultados de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del pasado mes de mayo.

1. El ciclo que empezó en la primavera de 2011, con el 15M y la ocupación de las plazas, se ha definitivamente cerrado. La que un tiempo se habría llamado la “fuerza propulsiva” de Podemos ha terminado –teníamos señales hace tiempo, aunque las elecciones generales parecieron contradecir parcialmente esta lectura– y en la gran mayoría de los casos las confluencias municipalistas no han conseguido dar continuidad a sus proyectos.Comencemos por estas.De los grandes y medianos ayuntamientos conquistados en 2015 por plataformas nacidas desde abajo, se ha mantenido sólo Cádiz, a la espera del desenlace de las negociaciones en Barcelona que podrían permitir a Ada Colau conservar la alcaldía de la Ciudad Condal. Valencia es un caso peculiar, ya que la confluencia municipalista (València en Comú) era el sujeto menor de un acuerdo a tres bandas con Compromís y el PSOE; un acuerdo que ahora será solo a dos bandas. En Madrid, la apuesta de Más Madrid, con Manuela Carmena al frente, ha conservado gran parte de los votos de hace cuatro años, pero esto no ha sido suficiente para obtener la mayoría absoluta y hará, con toda probabilidad, que la capital vuelva a ser gobernada por la derecha. En Zaragoza y en Galicia (Santiago de Compostela, A Coruña, Ferrol) la derrota ha sido evidente, debido también a la inexplicable división de las izquierdas.


La “fuerza propulsiva” de Podemos ha terminado y en la gran mayoría de los casos las confluencias municipalistas no han conseguido dar continuidad a sus proyectos


En todas estas ciudades, excepto Madrid y Cádiz, así como en la gran parte de los ayuntamientos españoles quien sale ganando es el PSOE, que mantiene casi todas las alcaldías obtenidas en 2015 –donde ahora puede gobernar mayoritariamente en solitario, sin necesidad de pactos–, conquista otras o, donde no podrá gobernar, se convierte en la principal fuerza de la oposición. Más allá de lo que ha pasado en los ayuntamientos del cambio, un dato es significativo: prácticamente todas, o casi, las confluencias municipalistas que se encontraban en la oposición han perdido consensos. Dos ejemplos: en Málaga se ha pasado de los 4 concejales de Málaga Ahora y los 2 de IU a los 3 de Adelante Málaga, mientras que en Santander se ha pasado de los 2 concejales de Ganemos y uno de IU a un solo concejal de Unidas por Santander. Por último, destaca el caso, sin duda peculiar, de Zamora donde Izquierda Unida, que gobernaba con el PSOE, conserva la alcaldía conquistada en 2015, obteniendo la mayoría absoluta.

2. ¿Qué queda, pues, de esa “nueva izquierda” que hacia 2014-2015 parecía poder revolucionar el tablero de la política española? Más allá de lo dicho para el 26-M, los resultados de Unidas Podemos en las generales del 28-A muestran que existe una base de votantes nada desdeñable (3,7 millones), sobre todo si la comparamos con los demás países europeos, donde la radical left brilla por su ausencia. Ahora bien, ¿se trata de una base sólida? Queda por ver. A nivel local, aparte de algunas excepciones, no lo parece. Lo que es cierto es que no ha habido sorpasso y el PSOE en vez de pasokizarse se ha reforzado. Se quiso leer la política española con las lentes griegas y eso, quizás, fue un error: Madrid no es Atenas. Hace cuatro años todo parecía posible, ahora ya no. Esa fase ha terminado. Definitivamente. ¿Qué hacer entonces? Unidas Podemos debe repensarse. Sin duda alguna. Y tiene que hacerlo cuanto antes. Si se cree que el problema sea sólo de liderazgo y que cambiando un secretario general o un secretario de organización con otro todo queda solucionado, se está poniendo una tirita a una herida profunda que seguirá sangrando. Y el riesgo, a medio plazo, es que haya gangrena. Ni más ni menos. La debilidad principal se encuentra, principalmente, en la estructura y el arraigo territorial. Prueba de ello es el resultado en las municipales y autonómicas. Pero también hay que reflexionar sobre la perspectiva a largo plazo. En muy pocos años se ha pasado de “asaltar los cielos” y querer “romper el candado del 78” a defender la Costitución y proponer un gobierno de coalición con el PSOE.


Unidas Podemos debe repensarse. Sin duda alguna. Y tiene que hacerlo cuanto antes


¿Y ahora? ¿Cuál podría ser la solución? Algunos sugieren el fin de la coalición entre Podemos e Izquierda Unida para que cada uno ocupe su espacio “natural”. Otros proponen su renovación para revitalizarla. Otros lanzan, como Errejón en Madrid, una propuesta que se parece a la primera, pero que tiene sus peculiaridades. En todo esto jugará un papel importantísimo la conformación del nuevo gobierno y el papel que Unidas Podemos tendrá (o no tendrá) en él. Más allá de lo que conceda Sánchez, que se encuentra en una clara posición de fuerza tras el 26-M, la duda de fondo es si el proyecto puede consolidarse y revitalizarse estando en el gobierno o en la oposición, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existente. Aquí cada uno hace sus lecturas y tiene sus fantasmas. Hay quien recuerda al PCF en el gobierno de Jospin (1997) o a Rifondazione Comunista en el gobierno de Prodi (2006), que salieron con los huesos rotos tras haber participado en ambos ejecutivos. Y hay quien mira a Portugal. El debate acaba de empezar, pero el tiempo apremia.

3. En diciembre de 2015 se celebró el fin del bipartidismo. Podemos y Ciudadanos entraron con fuerza en las Cortes y cerraron una etapa de la historia política española. Se habló de cuatripartito. Tras las elecciones andaluzas del pasado mes de diciembre, se ha empezado a hablar de pentapartito. Ahora se habla de reforzamiento, aunque parcial, de los dos grandes partidos, sobre todo gracias a los éxitos del PSOE. Ya no se habla de declive del llamado “régimen del 78”, sino de su (posible) restauración. ¿En qué consistiría? Ya veremos. Las incógnitas son aún muchas y la volatilidad electoral, en todo el mundo occidental, es muy elevada, así que no se pueden descartar nuevos volantazos, aunque el calendario electoral, además de la dificultad –o, digamos, la práctica imposibilidad– para ganar una moción de censura con un Congreso como el actual, debería abrir una etapa de cierta estabilidad, siempre que la crisis catalana lo permita. Las únicas elecciones a la vista son las autonómicas en el País Vasco y en Galicia de otoño de 2020, sin contar las catalanas que podrían adelantarse a principios del año que viene.

4. Se ha repetido ya muchas veces: el PSOE ha resurgido de sus cenizas. Las victorias de Pedro Sánchez el 28-A y el 26-M han sido espectáculares, teniendo en cuenta tanto la situación en la cual se encontraba el PSOE a principios de 2018 como la de la socialdemocracia a nivel europeo. Aquí hay dos reflexiones que cabe hacer. La primera: el éxito del PSOE se debe en buena medida a Podemos. Sánchez ganó las primarias contra Susana Díaz y todos los barones del partido hablando el lenguaje de Pablo Iglesias. El PSOE ha adoptado un discurso menos centrista y más de izquierdas, llegando a hacer autocrítica de algunas decisiones tomadas en el pasado. Esto le ha permitido recuperar muchos votantes que en 2015 y 2016 se habían decantado por Iglesias y las confluencias municipalistas. Lo mismo, salvando las distancias, ha pasado en Portugal, donde Costa ha ganado las europeas con el 33,4% de los votos y con toda probabilidad se mantendrá otra legislatura en el gobierno (hay elecciones generales en otoño). Esto nos explica porque la socialdemocracia en la península ibérica ha sacado tan buenos resultados comparado con otros países europeos, donde se ha hundido.


El éxito del PSOE se debe en buena medida a Podemos. Sánchez ganó las primarias contra Susana Díaz y todos los barones del partido hablando el lenguaje de Pablo Iglesias


Ahora bien, ¿qué políticas llevará a cabo el PSOE en la nueva legislatura? ¿Las recientes declaraciones de la ministra Calviño, que no ve “productivo” revertir la reforma laboral del PP, son indicativas de la nueva etapa? Atención: si el PSOE vuelve a las andadas es muy posible que pierda el consenso que ha conquistado en el último año. La segunda: el PSOE es la formación con el mayor número de diputados en el grupo parlamentario de los Socialistas y Demócratas europeos y jugará un papel clave en la UE. Francia y Alemania necesitan a un socio preferente en el sur del continente tras el Brexit e Italia, que en estos últimos años ha ocupado tres de los mayores cargos comunitarios (presidencia del BCE y del Parlamento Europeo, además del “ministerio de Asuntos Exteriores” de la UE, con Mario Draghi, Antonio Tajani y Federica Mogherini, respectivamente), ya no está por la labor. La vísita relampago de Sánchez a Macron el 27-M lo demuestra, así como el hecho de que los socialistas europeos hayan escogido Sánchez y Costa como mediadores con populares y liberales para llegar a acuerdos para el reparto de cargos en Bruselas.

5. Las derechas están en proceso de refundación. Habrá movimientos en el futuro próximo. Ciudadanos no ha conseguido el tan añorado sorpasso al PP, aunque la formación liderada por Pablo Casado, que se ha mantenido a flote en las municipales, está viviendo la mayor crisis de su historia. Vox ha entrado en escena, pero con menos fuerza de la que muchos pronosticaban. Todo es muy fluido. Aznar, que jugaba en la sombra, ha salido derrotado el 28-A. Cabrá ver como se cierran los pactos a nivel local para entender qué tipo de refundación habrá. Por lo que parece, Rivera sigue convencido de que su objetivo es el de conquistar la hegemonía en la derecha y ha abandonado casi por completo la posibilidad de ser partido bisagra entre PSOE y PP.

De todos modos, hay movimientos –Valls va por libre ofreciendo sus votos en cambio de nada a Ada Colau, pero también Garicano y algunos barones locales han levantado la voz– que muestran una cierta incomodidad con la línea de Rivera.


Rivera sigue convencido de que su objetivo es el de conquistar la hegemonía en la derecha y ha abandonado casi por completo la posibilidad de ser partido bisagra entre PSOE y PP


6. En todo esto jugará un papel clave lo que pasará en Europa. Bruselas está lejos, pero en realidad está muy cerca. Y quien no lo vea se equivoca. Mucho. Valls y Garicano parecen haber entendido las señales que llegan del corazón de Europa. Steve Bannon ha perdido la batalla, aunque la guerra no ha concluido: la extrema derecha seguirá siendo una amenaza real. El proyecto del exconsejero de Donald Trump de crear una plataforma para unificar la extrema derecha a nivel europeo, The Movement, ha naufragado. Salvini ha ganado por goleada las elecciones en Italia, pero su apuesta por crear un único grupo parlamentario de los ultras y tocar poder en Bruselas (o, al menos, bloquear cualquier iniciativa de la nueva Comisión) ha fracasado. No le dan los números. Orbán prefiere quedarse en el PPE, la extrema derecha austriaca ha sido expulsada del gobierno y ha retrocedido mucho en las elecciones europeas, los polacos de Ley y Justicia prefieren ir por libres. Y, lo más importante, los populares han dejado claro que no quieren aliarse con la extrema derecha –además, aunque quisiesen, no llegarían a la mayoría absoluta en el Parlamento. Posiblemente habrá una ampliación de la gran coalición a los liberales, con Macron que tendrá un papel relevante. Esto marcará la nueva etapa que se acaba de abrir.

7. Quedémonos en Europa. Es de reseñar el avance de los Verdes –de 50 a 69 diputados: en algunos países, como Alemania y Francia, superan a los socialdemócratas– y el retroceso de la izquierda radical (GUE/NGL), que pasa de 52 a 39 escaños, sumando el 5,2% de los votos. Se trata, a grandes rasgos, de los mismos resultados de 2009. No se trata solo del pésimo resultado en España, donde de los 6 diputados de IU y los 5 de Podemos se pasa a los 6 de Unidas Podemos, sino de una tónica general. La France Insoumise de Mélenchon no capitaliza las protestas de los chalecos amarillos y obtiene el 6,3% (6 eurodiputados), Die Linke se queda con el 5,5% (6 eurodiputados), la Sinistra italiana no llega ni al 2% (pierde los 3 escaños obtenidos en 2014 con la lista L’Altra Europa per Tsipras), la plataforma lanzada por Varoufakis no consigue elegir a nadie, ni en Grecia, ni en Alemania, donde se presentaba el mismo exministro de Finanzas heleno. Solo Portugal mantiene sus 4 escaños repartidos entre el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, además de Grecia, donde Syriza –que, dicho en passant, no es la de 2014– conserva sus 6 eurodiputados, aunque pierde casi 200.000 votos respecto a hace cinco años y, el próximo 7 de julio, según lo que auguran todos los sondeos, perderá las elecciones generales, convocadas de forma anticipada, y Tsipras deberá dejar el gobierno. Símbolicamente, será otro golpe muy duro ya que el de Syriza era el único gobierno de la izquierda radical en el viejo continente.


En el caso de Europa es de reseñar el avance de los Verdes y el retroceso de la izquierda radical


El panorama en síntesis es bastante descorazonador, para decirlo de alguna manera. El ciclo que se había abierto con la crisis de la deuda soberana en 2010, salvando todas las distancias entre un país y otro, se ha cerrado definitivamente también a nivel europeo. La reflexión que debe hacer Unidas Podemos en España es la misma que deben hacer todas las izquierdas radicales en Europa. ¿Qué hacer ahora? ¿Cómo situarse en la nueva fase que se ha abierto? No se vislumbra, de momento, ninguna propuesta cautivadora en este sentido.

8. Para contestar a estas preguntas no se puede perder de vista el marco internacional. El mundo ha cambiado muy rápidamente. Y lo seguirá haciendo en los próximos años. Vivimos en una etapa de desorden global, tras el fracaso, evidente desde al menos una década, del proyecto de nuevo orden mundial estadounidense. La guerra comercial entre Estados Unidos y China nos muestra, además, que las tensiones entre los grandes imperios seguirá al alza: lo que está en juego es, ni más ni menos, el papel de superpotencia mundial para las próximas décadas. ¿Qué papel jugará en todo esto la Unión Europea? Más cosas: los líderes autoritarios se están afianzando en muchos países (Trump, Putin, Erdogan, Modi, Duterte, Bolsonaro, etc.), en América Latina se ha cerrado el ciclo abierto a finales de los años Noventa que permitió una renovación de las izquierdas, la inestabilidad en diferentes regiones del globo se mantendrá o aumentará (empezando por el norte de África y Oriente Medio). Añadamos otros elementos: el cambio climático y la crisis de los refugiados, cuestiones estrechamente vinculadas, y las transformaciones en el mundo del trabajo (robotización, 5G, internet de las cosas, etc.). ¿Qué piensan las izquierdas de todo esto? ¿Dónde quieren situarse? ¿Con qué proyecto? ¿Con qué perspectivas? Un ciclo se ha acabado. Se ha abierto una nueva fase. Para entenderlo y ofrecer unas respuestas no se puede tener en cuenta solo el alfiler: se debe mirar también, y quizás sobre todo, al elefante.

 

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Steven Forti. Profesor asociado en Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa. Sus más recientes publicaciones son El proceso separatista en Cataluña. Análisis de un pasado reciente (2006-2017) (junto a A. Gonzàlez i Vilalta y E. Ucelay-Da Cal; Comares, 2017) y Ada Colau, la ciudad en común (junto a G. Russo Spena; Icaria, 2019).