Semblanza de Zygmunt Bauman

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Reproducimos este artículo escrito por Javier Aristu en el blog En Campo Abierto con motivo del fallecimiento del sociólogo polaco Zygmunt Bauman

Zygnunt Bauman. Debates de educación. 20 de noviembre de 2008. UOC

Zygnunt Bauman. Debates de educación. 20 de noviembre de 2008. UOC

Ha muerto Zygmunt Bauman, sociólogo e intérprete de la crisis de nuestros días. Tenía 91 años y hasta ayer mismo le leíamos esos artículos y libros cargados de frescura y de sagacidad. Bauman ha sido uno de esos que nos han ayudado en estos años de desconcierto y derrumbe de principios. Fue capaz de ponernos al día de lo que está pasando sin dejarse llevar por modas ni encantamientos. Su concepción de este momento bajo el marchamo de «mundo líquido» pasará, ya ha  pasado, a la historia de las ideas como una gran aportación cargada de sentido.

En este blog le seguimos más o menos de cerca. Ya en junio de 2012 le publicamos un artículo acerca de las relaciones en crisis entre el mercado y el estado, la base de lo que había sido el mundo de ayer. Luego han venido algunos otros, en la medida de lo que pudimos rastrear en su ingente producción de colaborador periodístico y de entrevistado.

Bauman es símbolo y portaestandarte de muchas cosas: crítico desde las revueltas de 1968 con los sistemas del socialismo real se exilió de Polonia por disconformidad con aquel sistema autoritario. Aquella primavera de 1968 fue muy diferente en el este y en el oeste; si no comprendemos que aquellos días no era lo mismo ser manifestante en el barrio Saint Germain que en las calles de Polonia es que no comprendemos nada de lo que vino después. Bauman se enfrentó a la dictadura del partido polaco y se marchó del país. Desde entonces la universidad de Leeds le acogió y desde esa cátedra comenzó un largo y costoso trabajo de indagación sobre la crisis del capitalismo y el final del socialismo. Su bibliografía es inmensa y no despreció casi ningún tema que tuviera que ver con la crisis del siglo XX en occidente.

Yo lo leí por primera vez en un libro que me pareció iluminador: Modernidad y Holocausto. Se lo dedicó a su mujer Janina, superviviente del gueto de Varsovia. En esas páginas Bauman traza un extraordinario análisis de las conexiones entre el sistema construido por los nazis dispuesto para alcanzar el exterminio de una parte de la humanidad —la shoah o el holocausto— y el moderno sistema industrial capitalista. Como buen sociólogo trataba de indagar en los hechos y de interpretar sus causas y consecuencias en la sociedad. Es un libro nada sentimental ni emotivo; más bien es un apasionante análisis de las raíces racionales y científicas del mal.

A Bauman, sin embargo, se le conoce sobre todo por sus investigaciones sobre la desestructuración de los sistemas estables de la sociedad de posguerra. Lo que él llamó «modernidad líquida» significa el desanclaje de todas nuestras certezas, de los amarres que han dado sentido a un modelo social que llamamos de diversas formas: sociedad del bienestar, estado protector, pacto social, etc. Bauman ataca las formas y objetivos de este nuevo capitalismo salvaje, desregulado y sin fronteras temporales o territoriales, y trata de construir una teoría sobre esa guerra. Las redes sociales, el mundo cibernético, la realidad virtual es una parte de esa guerra. Sin dejarse arrastrar por el embelesamiento de estas nuevas tecnologías individualizadoras carga contra las mismas por la despersonalización y capacidad de llevar al individuo al mayor grado de subordinación y sometimiento del amo.

Bauman fue un académico de prestigio y un agitador intelectual poderoso. Nunca levantó la voz en sus intervenciones, nunca debió pronunciar un mitin ni un discurso altisonante. Su trabajo era alumbrar las contradicciones de este sistema nefasto y tratar de aportarnos luz e inteligencia.

La mayor y mejor arma que tiene aquel que quiera cambiar las cosas es la razón y la inteligencia. Nunca la frase enfática ni el discurso gritón pueden ser armas para aquel que desee un mundo distinto y más razonable.