Alejandro Aravena y el principio del fin de la arquitectura del despilfarro

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Por FERNANDO MENDOZA

© ArchDaily

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El jurado del prestigioso premio Pritzker ha concedido el galardón 2016 al arquitecto chileno Alejandro Aravena. Al poner el foco en este profesional de 48 años, con una importante obra construida, el jurado ha querido recuperar determinados aspectos sociales que la arquitectura había abandonado en los últimos años a favor de un manierismo narcisista, muy alejado de las necesidades reales de la gente común.

Este premio supone devolver al arquitecto profesional un papel relevante en la esfera pública y recuperar su iniciativa en la conformación de soluciones globales a problemas sociales de gran calado como el derecho a una vivienda digna, con todo lo que esto significa: agua potable, saneamiento, aislamiento, etc.  No olvidemos el papel fundamental que tuvieron los arquitectos en la reconstrucción europea después de la destrucción masiva de la segunda guerra mundial.

Aravena opera en tres campos de actuación claramente definidos. El primero y por el que ha conseguido el premio Pritzker, es el de la vivienda social. También ha construido edificios públicos como las facultades de Matemáticas, Medicina y Arquitectura de la Universidad Católica de Chile. Por último está trabajando en un conjunto de proyectos de tipo paisajístico, protección de tsunamis y creación de parques. En todos estos campos destaca por la brillantez y simplicidad de sus soluciones, alejadas de modas y espectáculo. Uno de sus lemas es “El poder de la síntesis. A problemas complejos, soluciones sencillas”.Es también un importante activista, profesor y divulgador.

Su trabajo más interesante, a mi juicio, es el de la vivienda social en que cuestiona la concepción tradicional de la arquitectura: Aravena sostiene que muchos de los encargos que se hacen habitualmente a los arquitectos y en los que basan su trabajo están mal planteados de origen y por ello los resultados no pueden resolver los problemas propuestos inicialmente por el promotor.

Según manifiesta el acta del jurado del premio Pritzker 2016, “Alejandro Aravena personifica el renacimiento de un arquitecto comprometido con la sociedad. (…) Tiene un profundo conocimiento de la arquitectura y la sociedad civil, como se refleja en sus escritos, en su activismo y en sus diseños. El papel del arquitecto está siendo desafiado para servir mayoritariamente a necesidades sociales y humanitarias, y Alejandro Aravena ha respondido a este desafío de forma clara, plena y generosa”.

Chile ha experimentado en los últimos años un importante crecimiento económico, pero sus logros no han llegado a las clases populares y desfavorecidas. Esto ha credo una intensa presión social para que las mejoras económicas sean también para todos y se reflejen en mejores viviendas y eliminación del chabolismo.

Aravena sostieneque de los cinco millones de seres humanos que habitarán en breve en ciudades, dos de ellos estarán bajo el nivel de la pobreza, con problemas insolubles de habitación. La ecuación que plantea es que durante los próximos 15 años habrá que alojar a un millón de personas cada semana con un subsidio medio de 10.000 dólares por persona para ayuda a la construcción de su vivienda. Esto supondría un giro muy positivo al planteamiento de la vivienda social utilizando incluso la fuerza de los vecinos para obtener viviendas dignas. Si no se implementan soluciones factibles, se incrementarán en todo el tercer mundo el chabolismo y la marginación especialmente en América latina y África.

Aravena y su estudio ELEMENTAL han construido más de 2.500 viviendas sociales, siempre con los mismos elementos: participación de los vecinos, presupuestos mínimos, viviendas ampliables, autoconstrucción y estética abierta a la voluntad de los residentes. Esto permite dotar de viviendas dignas, con todos los servicios, a antiguos barrios de chabolas, dotando a los vecinos de dignidad y autonomía. En el fondo, y como Aravena ha declarado en varias ocasiones, su inspiración es la construcción aleatoria de las favelas brasileñas, barrios de apariencia caótica que, sin embargo, no carecen de racionalidad.

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La idea base es muy simple, si no tenemos fondos para construir una vivienda de 80 metros cuadrados, hagamos media vivienda de 40, que es lo mínimo para que empiece a vivir dignamente una familia de tipo medio. Esta superficie supone un estar comedor, una cocina, un baño y uno o dos dormitorios. Pero la innovación fundamental es que esta unidad mínima pueda crecer.Para ello es necesario que la propia configuración arquitectónica permita unidades que se puedan ampliar a medida que el nivel de renta de la familia y sus necesidades de espacioaumenten. Se une así una cuidada organización del conjunto con la autoconstrucción posterior, aprovechando la fuerza de trabajo de los vecinos que, a la vez, se apropian sentimentalmente de sus viviendas haciéndolas suyas y responsabilizándose de sus cuidados y mantenimiento.

Los presupuestos de estas viviendas son tan bajos que no permiten ni siquiera la pintura, entregando las unidades en bruto. Poco a poco los vecinos, implicados desde el principio en el proceso, van pintando, revistiendo los muros, creando unos acabados mucho más variados y atractivos que la mayoría de las viviendas sociales a que estamos acostumbrados, conjuntos homogéneos y repetitivos muy alejados de la individualidad de sus habitantes.

ELEMENTAL creó  siete prototipos que se construyeron a lo largo de la geografía chilena. La idea común a estos nuevos planeamientos fue por un lado una concepción progresista de la vivienda, y  por otro la comprensión de que la ciudad es el lugar donde se puede producir la igualdad de oportunidades. Bajo este sistema, cambia la visión de la vivienda social como gasto público, transformándose en un activo que genera no sólo rentabilidad social, sino también económica.La consolidación de este innovador modelo podemos verlo en proyectos como Quinta Monroy en Iquique y Villa Verde,en Constitución, e incluso fue exportado a Monterrey, México.

En el fondo Aravena se ha replanteado la forma de vida contemporánea con familias cada vez más pequeñas e incluso monoparentales. Para todas ellas  hace falta un espacio bien aislado del frío, el calor o la lluvia dotado de agua, servicios higiénicos, iluminación natural y artificial y que, aunque ese espacio sea mínimo, pueda crecer. Esto resuelve el problema de personas que viven solas o parejas sin hijos.

También este arquitecto mantiene que la vivienda constituye un organismo complejo que está en evolución desde el momento mismo de su construcción. Controlar esta evolución y dar voz a las personas para que puedan participar en el devenir de su vivienda es otro logro importante. Recordemos que la Constitución norteamericana reconoce el derecho de cada ciudadano a construir su propia casa, aunque olvida el necesario respeto a la comunidad. La “solución Aravena” es una evolución de este derecho, complementadocon la asistencia técnica de un arquitecto y con una célula básica, elemental, dotada de todos los servicios,teniendo en su propia concepción la capacidad de crecer orgánicamente.

Otro aspecto característico de sus soluciones es que, aunque la densidad es grande, existen espacios públicos muy generosos para la comunidad. La idea de que un buena parte del tiempo diario lo usa la gente fuera de su casa está así incorporada al proyecto. Esos espacios son fundamentales para el juego de niños, reuniones de vecinos, fiestas o estancias al aire libre.

Aravena ha inaugurado un campo de experimentación dando soluciones novedosas que tendrán, sin duda, una gran repercusión en el futuro para materializar el derecho universal a una vivienda digna.

 

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Fernando Mendoza Castells es arquitecto especializado en el ámbito de la restauración de monumentos, entre otros la Iglesia del Salvador de Sevilla, la Casa de Murillo en Sevilla y el Pabellón Real para la Expo’92 en la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla. Premio Nacional de Restauración y Conservación  2008 del Ministerio de Cultura, por su recuperación de la Colegiata del Salvador de Sevilla.